Este artículo lo escribo motivado
con la esperanza que todo aquel que lo
lea ejerza su derecho al voto.
La última semana de campaña ha
mostrado que los candidatos a la presidencia esperan que alguna de las
motivaciones que se dan nos anime a salir a votar masivamente.
Unos piensan que con escándalos y
marrullas, será más fácil llegar a la segunda vuelta y otros albergan la esperanza que la honestidad y el trabajo sea una motivación suficiente.
Otros sólo están esperando el momento en el que se definen las
alianzas para gobernar a la sombra
durante el próximo período presidencial.
El colombiano tiene una forma
extraña de ver la política: asume una postura crítica hacia los gobernantes de
turno con repetidas quejas y reclamos sobre temas vitales para el diario
vivir como el trabajo, los servicios
médicos, la educación y, en general, la calidad de vida.
Este colombiano de a pie nunca ha
sentado un precedente de democracia asistiendo a las urnas, piensa que con el
hecho de no votar se ha manifestado su malestar
pero, por el contrario, le ha dado más poder a las maquinarias políticas
que lo sumen en su inconformismo.
En Colombia, en las últimas dos
décadas, apareció de manera sorprendente una forma de atraer electores con el
término del voto útil, que no es más que la triquiñuela politiquera para llevar
a los inconformes a votar, no por el candidato de su predilección, sino para
votar por unas encuestas amañadas y manipuladas por las campañas. Esta forma de voto no atrae a los que no
votan sino mueve de una manera vertiginosa como “Tsunami” a los mismos
electores de siempre, que corren de un lado para otro, olvidándose de sus
preferencias políticas, sólo por no ver ganar al contrincante de turno. A este “Tsunami” los políticos le llaman
engrasar la maquinaria.
Una forma inesperada de generar
cambio no es el voto en blanco sin argumento, sino el voto pensante que no deja
de lado al voto en blanco, solo permite el análisis profundo de las políticas
de cada campaña para el siguiente período.
Al pueblo Colombiano suele engañársele
con mentiras sobre las políticas de estado, que son, el trabajo, la salud, la
vivienda, la educación y la búsqueda de la paz. Estas políticas son sagradas no
son modificables son obligatorias para cada gobierno de turno.
La diferencia está en la forma de
cumplir con estas premisas, pero este pueblo inocente queda convencido que si
el candidato por el cual votó, gana tiene asegurado el porvenir. Pero bien equivocados están. Esta falta de análisis en los programas de
campaña nos lleva a tener gobernantes demasiado comprometidos que no pueden
cumplir con nada, sólo con los favores de la venta de sus propias conciencias.
Por esto debemos tener una
agudeza a la hora de depositar nuestro voto y esperaré que gane la honestidad,
el trabajo en equipo y el liderazgo, que lleve este hermoso país a la paz que tanto
deseamos y a un futuro próspero de igualdad.