En
los últimos meses hemos tenido una discusión profunda sobre la adopción, lo que
ha suscitado diferentes formas de ver el asunto. Un sector de la población plantea que la
forma en que el Estado da en adopción, con normas y condiciones específicas, discrimina
a este sector de la población con deseos de adoptar y educar un niño/a para que
sean personas útiles en la sociedad, sin dejar de lado el afecto y amor que se
les debe dar.
En
concreto la adopción de niños y niñas en Colombia no permite que los solteros y
las parejas homosexuales los adopten. Siempre se ha buscado que los posibles adoptantes
sean parejas heterosexuales con base en
el principio de familia que esta determinado por parejas de diferente sexo.
El tema de fondo es si las parejas
homosexuales son o no idóneas para
adoptar y educar con amor a los niños /as huérfanos/as y abandonados/as que en este país es el pan de cada día.
Los
homosexuales han utilizado una serie de argumentos con base en estadísticas y
estudios sobre violencia intrafamiliar para demostrar que no sólo son idóneas
las parejas heterosexuales y que ellos
también tienen unos derechos que han sido olvidados como el derecho al
matrimonio y la unión de hecho, y en esta reclamación de derechos por parte
de ellos se ha puesto en medio a los niños/as que poco tiene que ver en el asunto.
Pienso
que el Estado colombiano se ha olvidado de estos pequeños que también tiene
derechos y que la tendencia a vulnerar estos derechos es mayor que el de los
homosexuales, ya que por los derechos de estos pequeños nadie se preocupa no se
hacen manifestaciones ni marchas en pro de la defensa de éstos.
De otra parte los legisladores colombianos sólo
se preocupan por el bien personal y legislan a su favor con leyes y acuerdos que los beneficie.
El Estado
colombiano tiene la obligación de velar por todos los niños y niñas sin distinción, dándoles educación salud y
bienestar. Por consiguiente, debería el Estado poner manos en el asunto, no para otorgar niños en adopción a
cuanta pareja que aparezca sea homosexual o heterosexual, sino en tener una infraestructura seria con
el fin de poder dar bienestar a estos pequeños,
educándolos y velando por sus
necesidades.
Dejemos
de pensar que la solución para proteger a estos pequeños es incluir en la adopción
a las parejas homosexuales y los
solteros.
La realidad
y la solución debe ser la seriedad con que el Estado tiene que afrontar un
problema social, establecer instituciones que eduquen y protejan a los pequeños
hasta su edad adulta y permita su incorporación a la sociedad sin sesgo ideológico.
Los
homosexuales han hecho de los pequeños un arma para obtener reconocimiento en sus
peleas legales como el reconocimiento del matrimonio y la unión de hecho. Este sector de la población
debería preocuparse por sus reclamos sin colocar en medio a la población más
vulnerable como son los niños y niñas.
Deberían demostrarlo apoyando a las instituciones que se dedican a cuidar
estos pequeños, luchando también por sus derechos como la salud, la educación y la tranquilidad
de una vida digna, lejos de sus pretensiones ególatras. Que aprendan que hay que dar sin esperar nada
a cambio y el tiempo les dará la razón si la tienen.
Educar
un hijo no es sólo un capricho, ni la reivindicación de un derecho, es la
entrega día a día, es amar, es respetar,
es abandonar nuestros propios egos con el fin de dar amor y bienestar, es ir hasta el final. No sólo derechos y
peleas legales.
El olvido
estatal de los sectores más vulnerables tanto ideológicos como económicos ha
hecho que el abandono de pequeños vaya en aumento. La falta de oportunidades de trabajo, el
hambre y la desigualdad social lleva a una madre a abandonar sus hijos.
Se
debe mejorar la calidad de vida de todos con el fin de disminuir estas cifras alarmantes,
dejando de disfrazar esta desigualdad con estadísticas amañadas y manipuladas.
El que está en necesidad toma decisiones
osadas y dementes como el maltrato y la explotación infantil.
El
ICBF institución arcaica no hace nada para evitar la explotación infantil que
vivimos a diario, un vivo reflejo es la mendicidad de pequeños en los semáforos de las urbes de
este País, a lo que todos hacemos oídos sordos, esto solo es la punta de iceberg porque en el fondo la problemática real es la
explotación sexual y el uso de pequeños con fines de narcotráfico. ¿En dónde está
el ICBF protegiendo estos pequeños cuando han terminado en manos de los
delincuentes?
El
dar pequeños en adopción no es solo la salida al problema social, se deben
crear mecanismos más estrictos con el fin de evitar maltrato de toda índole a
estos pequeños, se tiene que hacer un seguimiento más profundo de las parejas
que solicitan niños en adopción. El sistema colombiano es tan precario que
parejas del extranjero ven en nuestro país una forma fácil de adoptar un
pequeño, debido que en sus países de origen es casi imposible la adopción. Para estos países la prioridad no es dar en
adopción sino educar para el futuro.